Belleza y elegancia del discurso romántico de Schumann

Written by on 28/04/2018

En un gran concierto donde pudimos apreciar tres pensamientos musicales totalmente distintos, la energía, belleza y elegancia del discurso romántico de Schumann, la energética propuesta sonora de la reinterpretación beethoviana que inserta elementos ajenos entre sí, forjando una propuesta sólida e interesante y el pensamiento anacrónico de un fervoroso católico (sic) que expresa su pensamiento religioso a través de la vacuidad de un collage sonoro posmodernista. Excelente trabajo en las percusiones del maestro Dominique Vleeshouwers y la OFUNAM bajo la muy dinámica dirección de la maestra Elim Chan.

Con Brío es la notación más frecuente en las partituras de Ludwigvan, así, a raíz de una invitación hecha por el director Mariss Jansons para componer una obra contemporánea retomando la técnica musical del grandioso LvB y conjuntarla con las tendencias musicales contemporáneas Herr Widmann crea una gran propuesta musical que titula con esta notación tan beethoviana, reinterpretando las formas estructurales clásicas y trayéndolas a un lenguaje musical actual, con disonancias, atonalidades, recurriendo a técnicas no ortodoxas en la interpretación instrumental como percutir la caja de resonancia de los instrumentos de cuerda o el provocar resoplidos con los instrumentos de aliento y también, por muy breves momentos, existen las citas obligadas a LvB, particularmente de la séptima y octava sinfonías. La obra es un ejercicio sonoro quizá un poco difícil de comprender en un primer momento pero que plantea ideas muy interesantes.

 

 

Realmente me cuesta mucho trabajo entender la religiosidad exacerbada del ser humano después del siglo XIX, yo mismo fui educado por una ferviente católica, sin embargo la figura de dios no resiste un análisis profundo a través de la razón; el postulado nietzscheano que señaló la muerte de Dios no implica que haya ocurrido el deceso de alguien, es hasta infantil pensarlo de ese modo, sucede simplemente que el mito de la divinidad –léase aquí cualquier divinidad, tooooodos los dioses habidos o por haber– se ha vuelto insostenible, aun así existe gente que rige su vida –y la consagra– a ese mito consolador de Dios.

MacMillan es de esa gente, un hombre que, inmerso en la posmodernidad, aún se aferra desesperadamente a la religiosidad huyendo de la razón. Esta obra, que bien puede ser entendida como un concierto para percusiones y orquesta, es un manifiesto religioso que a través de una colección inconexa de fragmentos sonoros proyecta un discurso que denota la completa vacuidad del posmodernismo a través de recortes, pasajes aislados y fragmentos que recuerdan vagamente eras anteriores; citas barrocas, líneas melódicas en las percusiones que ejecutan un gran trabajo con pasajes de gran virtuosismo y belleza y que junto con la orquesta van creando ambientes escatológicamente apocalípticos.

 

 

El final anunciado pronto llegará, alabanzas a una divinidad sorda y evidentemente muda; las cuerdas y las maderas salen cada quien por su lado en planos armónicos distintos que producen disonancias non gratas y finalmente la obra no deja de tener un mood de música cinematográfica. Hacia la conclusión de la obra no me queda muy claro si el fastidioso tañer de las campanas llaman a misa, se tañen pro defunctis, anuncian la venida del señor –esta frase me causa reconcomia cada que la escucho, jajaja– o la llegada del final, final, finalísimo de los tiempos donde vivos y muertos serán juzgados y su reino (suyo de él) no tendrá fin…

La Sinfonía Cuatro de Schumann es, a mi gusto, una de las obras más profundas del romanticismo. Aunque es de sus primeros trabajos sinfónicos, no la concluyó sino hasta después de la tercera, la famosísima Renana por lo que está marcada como la cuarta y está dedicada a Clara, su esposa. Esta obra describe diversos ambientes sentimentales como la jovialidad, la fuerza y el empuje de la juventud; la grandiosidad del pensamiento a través de sonoridades vibrantes y espectaculares; sin embargo pronto pasamos a un ambiente triste, fúnebre, muy profundo e intenso del cual nos rescata el solo del violín principal, que aparece como un trino o como un refrescante trago de agua. La obra se renueva, luminosa y reflexiva para desarrollar los últimos movimientos con una alegría visceral, deliciosa e intensa, donde los metales y cuerdas acometen con gran impulso hasta lograr un cierre casi beethoviano, magnífico en verdad.

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OFUNAM Programa 3 Segunda Temporada 2018

Elim Chan, Directora Huésped

Dominique Vleeshouwers, Percusiones

Con Brío

Jörg Widmann (1973)

Veni, veni, Emmanuel

James MacMillan (1959)

Sinfonía No. 4 en Re Menor, opus 120

Robert Schumann (1810–1856)


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